Iglesias de Ussel, Julio.

Catedrático de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, y antes en la de Granada donde ha sido Director de Departamento y Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. Ha dirigido más de treinta tesis doctorales, cursos de doctorado, Grupos de Investigación, Congresos y Seminarios. Ha participado en numerosas actividades académicas en numerosos países europeos y americanos. Desde el 2000 al 2004 ha sido de Secretario de Estado de Educación y Universidades.

Es Académico de Número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, de la que desde 1996 era Académico Correspondiente. Es miembro fundador de la Academia de Ciencias Sociales y del Medio Ambiente de Andalucía y de la Real Academia de la Mar.

Ha publicado treinta libros y más de un centenar de artículos profesionales y capítulos de libros en, sobre todo, sociología del cambio social, de la familia y de la vida cotidiana.

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Nº 301  2ª Etapa  |  Director: Juan E. Iranzo  |  19/12/2018

Desarrollo, vaivenes y desigualdad. Una historia económica de América Latina desde la Independencia

L. Bértola y J.A. Ocampo

Son muchos los aciertos de esta importante obra sobre la historia económica de América Latina desde su independencia, que conviene destacar. Ante todo, permite examinar a la luz de la historia las intensas reformas económicas impulsadas en América Latina que han producido la mejora del bienestar en gran parte de la región. Su lectura, además, permite conocer el pasado y el presente de la integración un camino transitado de manera compleja por sus diferentes economías. Y por supuesto por la calidad de este excelente libro promovido y editado, de manera muy acertada, precisamente por la Secretaría General Iberoamericana cuyo Secretario General, Enrique Iglesias, escribe un esclarecedor prólogo. Si a ello se añade que aparece en plena situación de crisis, institucional y política, en Europa y de despegue de América Latina cuando se cumple el bicentenario de su independencia, es muy oportuno llamar la atención sobre esta excelente obra.
El libro tiene una estructura muy clara que responde, y no siempre ocurre, fielmente a su título. Analiza las tres dimensiones de la historia: el desarrollo, con los altibajos de la importante reducción de la pobreza; los vaivenes, los progresos y retrocesos de las oscilaciones e inestabilidades en esa historia; y finalmente contiene también la historia de las desigualdades y no solo aborda la interna de cada país, sino la existente entre países y la que los separan de los países más desarrollados. Este análisis en perspectiva internacional es una de las aportaciones más valiosas de la obra y resulta muy oportuna para la comprensión de su situación en un escenario de imparable globalización.

La obra se estructura en cinco capítulos. El primero se dedica a América Latina en la economía mundial, 1810-2010 donde ofrecen una detallada panorámica de su evolución, donde se constatan los importantes cambios económicos y sociales, pese a las importantes bolsas de desigualdad y pobreza que subsisten. Su PIB ha evolucionado desde la independencia, a principios del siglo XIX, en comparación con el mundo industrializado, primero con una fase de deterioro hasta aproximadamente 1870; luego se produce una mejora relativa hasta 1980, con un nuevo deterioro posterior. Su crecimiento superó claramente al de África hasta la actualidad, y el de Asia hasta mediados del siglo XX. Pero el estudio no se limita a analizar la evolución del PIB; contempla también para cada época el Índice del Desarrollo Humano que incluye también la esperanza de vida al nacer y los niveles educativos de la población. Pero lo sobresaliente, y positivo, ha sido el esfuerzo realizado durante el siglo XX; a su inicio el promedio de años de escolaridad de su población era tan solo de 1,5 años. Pero en torno al año 2000, América Latina tenía un promedio de 7,1 años de educación, acortando considerablemente su diferencial con los países más desarrollados. Para los 16 países con que se cuenta información, las desigualdades entre países latinoamericanos aumentan hasta 1940 y se reducen posteriormente. Y la misma tendencia se produce en la esperanza de vida al nacer.

El segundo se dedica a la Historia económica de las Repúblicas Independientes 1810-1870. Después de la revisión de la literatura que contiene muchos debates sobre el tema, analiza la evolución de la población, las exportaciones el PIB, las transformaciones institucionales, la creación de nuevos estados, las reformas liberales, las innovaciones tecnológicas y el comercio. Un muy denso recorrido, que evidencia que las primeras décadas posteriores a la Independencia desencadenaron una evolución negativa. Tanto la dificultad de construir y consolidar estados nacionales y su debilidad dificultó su progresión hasta el último cuarto del siglo XIX. Aunque su independencia estuvo vinculada a las ideas de progreso y a los procesos económicos y políticos que se producían en Europa y en el Norte de América, su materialización tardaría en llevarse a la práctica. Aunque no es objeto del trabajo, el lector puede pensar lo que hubiera ocurrido si America Latina hubiera seguido, después de su independencia, las pautas de Estados Unidos en lugar de la europea, ¿hubiera alcanzado igual desarrollo hoy?

El tercero se dedica a la Globalización, fortalecimiento institucional y desarrollo primario exportador 1870-1929”. Se trata de una fase de relativo crecimiento económico y de inserción en la economía internacional, favorecida por la expansión de la demanda internacional de materias primas y alimentos en el mundo industrializado, y por la consolidación del las estructuras de poder político. La inversión extranjera, sobre todo de Gran Bretaña, favoreció la mejora de infraestructuras. Y como suele ocurrir en las épocas de despegue económico, se agudizó la brecha entre los países ricos y más pobres de la región, y también aumentó significativamente la desigualdad dentro de cada país.

El capítulo cuarto aborda ya el siglo XX al estudiar la Industrialización dirigida por el Estado. Se trata de una fase caracterizada por la creciente intervención del Estado en la economía, el retroceso en el mundo del liberalismo y el ascenso del fascismo y comunismo. Su análisis incluye dos fases radicalmente diferentes. La primera, durante la gran depresión derivada de la crisis de 1929 y la 2ª Guerra Mundial, caracterizada por un lento crecimiento económico. La segunda fase, entre 1945 y 1980, de predominio de la industrialización dirigida por el Estado y caracterizada por el mayor crecimiento de toda la historia: 5,5 % anual; Brasil y México tuvieron los ritmos más altos. El intervencionismo fue favorecido por la 2ª Guerra Mundial, las alteraciones en el abastecimiento de productos en los mercados internacionales y los racionamientos y escasez de suministros. Las dificultades de las importaciones y un relativo crecimiento de las exportaciones, aceleraron el crecimiento y suministraron divisas para las inversiones en la inmediata posguerra. Una fase en la que Latinoamérica experimenta un avance relativo, pero que finaliza con la crisis de la deuda de los años 1980 que abrirá una nueva fase.

La obra se cierra con un extenso capítulo dedicado a La reorientación hacia el mercado, que cubre dos fases diferentes. La primera, de los años 1980, de retroceso hasta el punto de ser catalogada por la CEPAL como “la década perdida”, lo que denota la profundidad de sus negativos efectos. Y la siguiente, fue de crecimiento, pero con gran volatilidad al ser interrumpida por dos crisis adicionales: la del fin del siglo XX, compartida con otras economías emergentes, y luego la gran recensión mundial de 2008. Pero el crecimiento de la producción por habitante evolucionó de manera más favorable debido a la desaceleración del crecimiento de la población. La economía creció el 3,2 % entre 1990 y 2010, y ha estado acompañada por un menor incremento de la población que entre 1950-1980, que además evoluciona en continuo descenso porque ya se acercaba al 1% al final del período.

Pero lo fundamental en esta nueva etapa es el cambio en el paradigma que rige la relación entre teoría y práctica.

En el caso de la industrialización dirigida por el Estado, la teoría formulada por la CEPAL llegó para racionalizar una práctica que llevaba ya un par de décadas. Pero en la apuesta por el mercado llegaron con anterioridad las ideas. La Escuela de Chicago primero, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, desde 1980, impulsaron decisivamente este giro que quedó sintetizado en el llamado “Consenso de Washington”, de 1990, con la agenda de reformas que las instituciones financieras internacionales consideraban obligadas para América Latina. Un escenario que tiene respuestas más activas en países como Argentina, Bolivia, Chile, Perú, y otros –la mayoría de los países- que emprendieron las reformas de manera más lenta, y en todos los casos hubo diferencias en la profundidad de las reformas políticas, sociales y financieras. Se activa procesos de integración regional como la creación de MERCOSUR o la revitalización de la Comunidad Andina y del Mercado Común Centroamericano y, en general, de liberalización comercial suscribiendo acuerdos como el Tratado del Libre Comercio. En todo caso, la diversidad de estrategias se agudiza a comienzos del siglo XXI, como reflejo de movimientos políticos abierta o moderadamente contrarios a las reformas del mercado. La integración creciente interregional y de su economía en la economía mundial ha acelerado muchos cambios. Las empresas multinacionales tienen mucha mayor presencia que en el pasado y empresas latinoamericanas han adquirido también ese protagonismo.

Este proceso de reformas ha coincidido con la fase democrática más prolongada de la historia latinoamericana; de ahí que se haya producido también una evolución positiva del gasto público social y una mejor cobertura de los servicios sociales, y desde 2004 se logró reducir la pobreza. Pero quedan muchos retos por abordar, que examinan los autores en la Conclusión. Una de ellas es de ámbito macroeconómico, la necesidad de controlar la vulnerabilidad externa de las economías latinoamericanas. Otro reto es la necesidad de políticas productivas activas, sobre todo en materia de calidad, que debe complementarse con políticas educativas. También advierten de la necesidad de mejorar la articulación entre el Estado y el mercado. El desarrollo institucional y en particular la mejora de las capacidades del Estado es imprescindible. Y la última conclusión –y los propios autores señalan como la más importante—se refiere a la deuda social que ha acumulado América Latina a lo largo de su historia. “La herencia colonial de alta desigualdad económica y social, se ha reproducido y, en algunos casos, ampliado en las etapas posteriores”. Por ello el retorno de la agenda de la política social y el impulso de la cohesión social es imprescindible para lo cual se necesitan también transformaciones educativas, tecnológicas y productivas que hagan posible una inserción más dinámica de América Latina en la economía mundial y una profundización de su integración económica y social.

Los prestigiosos autores de esta obra nos han entregado un libro muy bien estructurado, muy bien documentado y muy bien escrito pese a su gran densidad de ideas y análisis. La obra destila un conocimiento exhaustivo de la región y de la muy abundante bibliografía disponible a escala regional y también la específica de cada país. El resultado es esclarecedor y especialistas en historia, en ciencia política, en sociología, economistas así como profesionales de empresas y del periodismo tendrán que acudir a sus páginas para entender el presente de América Latina en sus complejas raíces socioeconómicas, admirablemente diseccionadas en esta excelente obra.

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Desarrollo, vaivenes y desigualdad. Una historia económica de América Latina desde la Independencia
L. Bértola y J.A. Ocampo
Ed: Secretaria General Iberoamericana, Madrid 2010
Páginas: 315

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